Lessing es un heredero de un racionalismo pero habitante de una sociedad política y económica atrasada. Su pensamiento se nos presenta como uno de los paradigmas más nítidos de la mejor Ilustración. Refleja el espíritu humanista de la crítica y la pasión por la tolerancia, de la esperanza en la historia y la experiencia estética. No es extraño que dejara huella en Schiller o Goethe. En cuanto que teólogo se esforzó siempre en rescatar los contenidos de la religión y por otro lado trató de defender una nueva cultura estética, especialmente aplicada al teatro.
En su obra Educación del género humano (1780) expone claramente su intención principal, conciliar los valores de la Revelación con los de la Razón, los de la religión con los de la crítica ilustrada. En primer lugar trato de depurar los contenidos del cristianismo para después, darles una visión universalista y humanista, ecuménica. Para Lessing, “todas las religiones positivas y reveladas son igualmente verdaderas e igualmente falsas”. En efecto, son verdaderas en tanto que se aproximan a la esencia de la religión natural, y falsas en cuanto que encubren su esencia con diferenciaciones dogmáticas accidentales.
En Ernst y Falk, diálogos para francomasones (1778) diría Lessing que “la sociedad no puede unir a los hombres sin separarlos, ni separarlos sin consolidar abismos entre ellos”, es la ley de la autosecesión. Siempre encontramos la unión de contrarios en el autor; razón y revelación; naturaleza e historia, individuo y sociedad, ética y estética, y el deseo de reunir los contrarios en una propuesta de síntesis. “No sé otra cosa, Uno y Todo, y nada más”.
Por otro lado Lessing tomó como pretesto las observaciones de Wincklemann en Reflexiones sobre la imitación del arte griego, como un ejemplo de la noble sencillez y la serena grandeza, dando la razón al autor, pero se niega a atribuir tales rasgos a ningún ideal griego de la belleza.
Establece diferencias entre la literatura y las artes plásticas en general. Éstas, debido a la simultaneidad de la imagen y a los signos naturales de que se sirven, se ocuparían de la imitación de los cuerpos y de sus propiedades visibles en el espacio, el objeto de la literatura, que se vale de signos arbitriarios, sería la imitación de las acciones sucesivas en el tiempo. Por tanto, el artista plástico debería elegir siempre el momento más fecundo de la acción, el más pregnante.
En cualquier caso, Lessing no puede ocultar su convicción de la superioridad relativa de la literatura frente a las artes plásticas.
Para el autor, el arte debe mejorarnos, es un proceso de educación, de formación ética del sujeto, le interesa la integración moral de las pasiones, la conciliación con la racionalidad práctica. En el teatro, la clave reside en la identificación del espectador con los personajes del drama; la culpa del héroe trágico so sería tanto pecado, como un error.
El hombre, espíritu finito, debe servirse del arte para distinguir o rescatar determinados aspectos del mundo de la vida, para iluminar ciertas conexiones presentes en la naturaleza y la sociedad. El artista, debe comportarse a la imagen y semejanza del Creador. De ahí concebir la obra de arte como totalidad orgánica, como organización del todo y las partes, de lo universal y lo particular. La verosimilitud, la concreta lógica interna de la obra, se determina, por tanto, como la rigurosa expresión estética de la teodicea.