FILOSOFÍA
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JOHANN GOTTFRIED HERDER (1744-1803)

Herder se nos aparece como el gran mediador destinado a desplegar un pensamiento autónomo entre los dos mundos enlazados por el vértigo: el dominado por la Ilustración racionalista y el abierto por el temprano romanticismo alemán.

Se orientó desde el principio en una dirección determinada por el énfasis en la acción y en la sensibilidad concreta del individuo, en la realidad vital y en general en la experiencia particular.

Confrontó asimismo el universo de la teología. De este modo su solidaridad inicial con la Ilustración no le convirtiera en un ortodoxo de la racionalidad más o menos dogmática.

Para Herder la mejor crítica es la que sigue los pasos del original y siente en conformidad con él. El crítico debe proceder de manera heurística. Adivinatoria, estableciendo sentido y recreando la obra, puesto que la obra sin genio no es nada, solo un genio puede juzgar y enseñar a otro.

Esta manifestación antirracionalista, sensualista, aparece reflejado en su Diario de su viaje en 1769. Establece un programa pedagógico para el estimular el alma infantil, de tal manera que a los niños hay que proporcionarles conceptos pasados por los sentidos. Añade Herder que no se puede gozar de lo que viene después si no se ha gozado de lo anterior. Cada momento de la vida, como cada época histórica, tiene que ser experimentada en su propia plenitud.

Herder esbozó su propia teoría sobre los límites de las artes. Lo importante es confirmar su tendencia a tomar como punto de partida la sensibilidad individual, apoyándose en una psicología aún por desarrollar. Vincula los sentidos de la vista, el oído y el tacto con la pintura, la música y la escultura respectivamente. La poesía es la única que remite a la totalidad de la psique humana, en concreto al alma individual (Seele) en cuanto que centro de la fuerza (Kraft) de esa criatura sensible que es el ser humano.

También desarrollo una teoría del lenguaje, diferenciando entre un periodo infantil monosilábico e interjectivo, un periodo de juventud, de edad poética en la que dominaría “el canto del habla” y la metáfora, y por último, la edad filosófica, la madurez, donde se desarrolla la prosa.

La noción clave es la reflexión (Besonnenheit), una disposición que no coincidiría con ninguna faculta aislada, sino más bien en la organización de todas las facultades sensibles y cognoscitivas, de su naturaleza cognoscente y volitiva, algo que Herder viene a identificar con la libertad consciente, en virtud de la cual actúa el alma entera indivisa.

Para Herder “los franceses se han limitado a aproximar las obras de imaginación a una razón fría y sana; en ello consiste el gusto y su lado positivo. Pero con ello han tenido también que enfriar su fantasía y su afecto, este es el lado negativo de su gusto.”

Así se afirma en su defensa de una estética anticlasicista, desde una posición plenamente autoconsciente. Las reglas no son Arte, en el sentido de artificio, abstracto, sino naturaleza.

También para el autor, la humanidad sigue siendo humanidad y la idea de un incremento progresivo de la virtud y la felicidad humanas es algo que nadie puede ya creer.

Fue un claro precursor del movimiento romántico, sin punto de enlace con Goethe. Su proyecto de “nueva mitología” fue recuperado por románticos como Schelegel, Hölderlin o Schelling. Herder osciló entre la idea de un uso nuevo de las antiguas mitologías y la de la producción de una nueva mitología propia de la modernidad.

Trataba de propiciar una contemplación de las cosas como si fuese la primera vez. Fueron los románticos quienes se encargarán de mantener viva esa esperanza.



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