FILOSOFÍA
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La edad del humanismo

Igual que los niños empiezan por explorar el mundo que los rodea, también lo hacen los hombres. Leucipo y más tarde Demócrito hacen la hipótesis de que la naturaleza está formada por partículas diminutas e indivisibles que llaman átomos. Lo que llamamos espíritu es parte de la materia, una materia más sutil, sin duda, pero material al fin y al cabo. La ciencia quiere establecer leyes universales, es decir, la ley de la causalidad ha estado en la base de todas las ciencias físicas y naturales.

Empédocles de Agriento, para quien el mundo estaba formado por los cuatro elementos (fuego, aire, agua y tierra), de cuya unión, nacida del amor, surgía la vida y de cuya desunión, surgida del odio, provenían la destrucción, la ruina y la muerte.

Anaxágoras, también pensaba que el mundo estaba formado por partículas, pero que esas partículas son más bien de orden espiritual y que en todo caso, están regidas por el espíritu o Nous. Fue el primero de los filósofos espiritualistas, enunciando un principio importante: todas las cosas que tienen vida, tanto las más grandes como las más pequeñas están gobernadas por el espíritu.

Los sofistas son los primeros filósofos que podemos calificar de humanistas. La palabra sofista significa sabio. Su idea nace de la premisa de que todo es verdad. Pero si todo es verdad, también la falsedad es verdad y ya no existe el menor criterio para distinguir entre la veracidad y la falsedad de un razonamiento. Así inventan el arte de convencer, de transformar la verdad en mentira y viceversa. Este interés por las formas lingüísticas les condujo a analizar el lenguaje, estudiar las figuras retóricas. Tras ellos, la filosofía de Sócrates, Platón o Aristóteles son un intento de encontrar soluciones a los problemas que los sofistas habían plantado.

1-Protágoras.

Para él, el hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto son y de las que no son en cuanto no son. La enseñanza requiere dotes y práctica. El aprendizaje debe empezar en la juventud. Todo lo que percibo, siento o pienso se refiere a mí, yo soy el único árbitro de la existencia de lo que percibo, siento y pienso. Para Protágoras el mundo está hecho a la medida de quien lo contempla y quien lo contempla al mismo tiempo lo está inventando. Lo que nos proporciona este conocimiento de la contemplación es la sensación, y estas sensaciones son diferentes para cada persona. De ahí que el conocimiento sea siempre relativo.

2-Gorgias.
Sus argumentos se basan en tres proposiciones: “nada existe”, “si algo existiera no podríamos conocerlo”; “si pudiéramos conocerlo no podríamos comunicarlo”. Afirmar que nada existe es decir que nada existe fuera del mundo de las sensaciones. El conocimiento reducido a la sensación es tan solo mi conocimiento, y los demás y todo el mundo que me rodea viven su vida aparte haciendo todas las cosas a su medida, como diría Parménides.

Por tanto, los sofistas, dudan de la verdad, dudan del conocimiento. Su espíritu crítico tiende a convertirse en un espíritu escéptico.

3-Calicles.
Los sofistas sostienen que es mejor cometer una injusticia que ser víctima de ella, mientras que Sócrates defiende la tesis contraria. Para él es más justo sufrir una injustica que cometerla. Para Calicles la sociedad ha querido impedir que los hombres actuaran según sus impulsos naturales y ha inventado frenos que llamamos leyes. Estas leyes son un invento de los más débiles para oponerse al dominio de los fuertes. La única ley que admite Calicles es la ley del más fuerte. Esta afirmación será aprovechada posteriormente por Maquiavelo y Nietzsche.

4-Sócrates.

Con Sócrates se elabora un método preciso gracias al cual se puede llegar a una idea de la ciencia y una doctrina moral.
Por un lado están los que emplean la erística, o arte de discutir son un solo y único fin; discutir; por otro los que emplean el diálogo teniendo siempre a la vista un mismo fin: el descubrimiento de la verdad. Pero la verdad no puede afirmarse sin pruebas, y para obtenerlas es necesario emplear un método crítico. De ahí que Sócrates afirma, tantas veces, que sólo sabe que nada sabe. La ironía reside en afirmar su propia ignorancia. Para ello emite una hipótesis. Ante la ignorancia ya patente, sólo cabe la posibilidad de hacer nuevas suposiciones. No en vano coloca Sócrates en el centro mismo de su pensamiento la inscripción del oráculo de Delfos, “conócete a ti mismo”. El método de Sócrates desemboca en una teoría del conocimiento según la cual cuanto conocemos proviene de la iluminación de nociones que teníamos en el espíritu, oscuras y confusas.

Busca la única ciencia que tiene importancia en la conducta de la vida tanto individual como social. Esta ciencia es la moral.
La moral socrática se reduce a tres proposiciones: 1) la virtud es lo mismo que el conocimiento; 2) el vicio es ignorancia; 3) nadie hace el mal voluntariamente. La última proposición es la más paradójica pero que recordar que para Sócrates, la virtud puede ser enseñada. De aquí se identifica el bien con la sabiduría.



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