Hoy, 25 de Diciembre de 2009, inauguro una serie de artículos artísticos que me servirán de ayuda para centrar mis propias impresiones sobre el arte actual.
La crítica constructiva, denostada en cuanto a su funcionalidad y muy alejada de los parámetros del mercado, seguirá siendo el referente literario para aquellos que buscan un atisbo de verdad entre toda la información que llega a nosotros, independientemente de la buena o mala acogida que suponga, tanto en la obra objeto de la misma, como en la propia crítica. En cualquier caso, no son las palabras las que destruyen o ensalzan el valor de una creación, sino el debate posterior que pretenden generan. Este debate hoy no existe o por lo menos no retumba en la conciencia con la suficiente fuerza. ¿Por qué? Porque hemos asumido un pacto de no agresión entre el público y la obra expuesta. El artista cuando no calla se queja, trabaja pero no se mueve, se compadece de si mismo, evita la crítica ajena a su profesión y la confrontación de ideas. Tiene en sus manos la posibilidad de sorprender al espectador, de echarle en cara su situación, pero no lo hace, se limita a trabajar en lo que ya conoce. Todo ello le lleva al agotamiento y a la frustración.
Busco nuevos temas, nuevas formas de expresión y sobre todo ideas. Hoy más que nunca es importante dar a entender aquello que se quiere comunicar, un contenido profundo y desarrollado, bien explicado y estructurado. Hablaré de Zaragoza, de sus creadores y del círculo que les rodea, tratando de impulsar la necesidad del arte en nuestra sociedad y apoyando la faceta más humana que nos caracteriza, la creación.