El futuro rey de Minos disputa el trono con sus hermanos. Pide un signo del cielo que le indique su derecho al reino y éste llega en forma de un toro blanco. Parsifaé, enamorada del toro sagrado, da a luz un ser mitad toro, mitad hombre, que los griegos llamaron Minotauro. Minos hace construir un palacio, o más bien un laberinto para encerrar al monstruo. Como el origen del Minotauro es sagrado, hay que sacrificar todos los años a siete muchachos y siete muchachas de Atenas. Teseo, ateniense, decide liberar a su ciudad del tributo sangriento. Penetra en el laberinto y, gracias al hilo de Ariadna, princesa cretense enamorada de Teseo, puede salir del laberinto después de haber matado al Minotauro.
La leyenda significa que los griegos quieren establecer un orden racional, una forma de vida que ya no dependa de los monstruos y de los sacrificios primitivos. Así como pusieron orden en el laberinto pusieron orden en las creencias religiosas de los pueblos que encontraban a su paso. El dios Zeus es una mezcla de dos divinidades. Por un lado es el dios de los conquistadores helenos que gobierna a la luz y al cielo, y por otra parte es un dios mediterráneo, hijo de Titanes y de las potencias terrestres. Éste dios se presenta en Homero como el supremos de todos los dioses, y en la Odisea como un consejero sabio de los dioses y los hombres.
El amanecer de esta nueva luz en el pensamiento humano viene reflejado por las obras del poeta Homero.
2-El escudo de Aquiles.
El mundo homérico es un mundo de orden y armonía. Es relativamente pequeño, la Tierra se concibe como un disco, tiene por centro Grecia y termina al Norte en las regiones vagas, distantes y luminosas, al sur en las tierras cálidas de Nubia y de los Etíopes, y se prolonga, de este a oeste, a lo largo de las costas mediterráneas. En el envés del disco, al otro lado de la Tierra, viven los misteriosos Quimérides, “escondidos en la niebla y las nubes” envueltos en “una noche perniciosa”. En torno al disco están las aguas del océano, padre de todas las aguas. El cielo, bóveda estrellada, rodea la superficie de la Tierra y estás sustentado por una serie de equilibradas columnas.
En la descripción homérica del escudo resalta, con claridad, un perfecto sentido de la armonía, del orden y de la gracia. En el centro del escudo, en la batalla de la ciudad guerrera, la más alta de las virtudes humanas, el heroísmo, que transforma a los hombres en semidioses.
Por otro lado existen más virtudes que se reflejan en los poemas de Los trabajos y los días, de Hesíodo. Aquí se describe la vida campesina con un gran amor por la tierra y el trabajo. Esta obra surge de la disputa por las tierras paternas entre Hesíodo y su hermano. En un momento de su obra Hesíodo dice a su hermano: “Atiende a la justicia y olvida la violencia. Tal es el uso que ha ordenado Zeus a los hombres… Pero a los hombres les confirió la justicia, el más alto de los bienes”.
Hesídodo distingue claramente entre lo humano, guiado por la ley, y lo animal, llevado por la fuerza. Pero también escribe sobre otras cuestiones como los principios de las cosas, el sentido y el origen del mundo, en Teogonía o génesis de los dioses, ofreciendo una especie de metafísica poética.
Para Hesíodo “antes que todas las cosas fue Caos”, esto implica la idea de que la posibilidad precede a la realidad, de que lo informe da lugar a la forma, de que lo indefinido está antes de lo definido. De ahí surge la idea de movimiento y desarrollo de los dioses en hombres, estableciendo cinco etapas distintas: la edad de oro, de plata, de bronce, de los semidioses y finalmente la edad de hierro o edad de las lamentaciones, donde “los bienes se mezclarán con los males”. Desde la edad de hierro Hesíodo preconiza la razón, el equilibrio y el respeto a lo justo.